Lleva el editor de
El Escéptico Digital todo el verano pidiéndome amablemente un artículo sobre el caso Meléndez, incluso invitándome a chocolate helado a ver si me derrito y lo escribo ;-). Pero nada. Se ha ido el mes de vacaciones y no me apetecía gastar un minuto de ellas en el caso Meléndez. Y eso que algún trabajador despedido del IMC ha tenido el amable detalle de poner un
post en este blog denunciando el ominoso despido y el maltrato a despedidos y despedidas.
Hasta que el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) sentencia que los polvos son legales porque son nutrientes y no medicamentos. En la prensa digital canaria, por ejemplo
aquí con 21 comentarios, o
aquí con sólo 6 comentarios, la cosa ha pasado sin pena ni gloria. Meléndez vuelve a cambiar de abogado, pone a un chico guapo y versado llamado Gustavo Matos (apellido señero a más no poder), y aquí no ha pasado nada más -y nada menos- que la Consejería de Sanidad se equivocó cuando prohibió a Meléndez dispensar (léase vender) sus polvos factoriales, incluso cuando la gente iba sin tapujos a
curarse (no a nutrirse), y cuando el propio Meléndez y los grupos mediáticos afines pregonaban sin rubor que curaba hasta el cáncer, pasando por la calvicie, la impotencia, la artrosis, la diabetes y un sinfín de dolencias más.
Al igual que cualquiera se puede ir a pescar salmones sin ninguna cortapisa, sea uno quien sea, la empresa IMC tiene todos los derechos de vender sus productos ahora que tiene los papeles en regla. Lo que queda por solucionar, y es lo más importante, es la situación laboral del colectivo de trabajadores de los consultorios del IMC antes del cierre. Este colectivo ha sido bastante maltratado y, desde el punto de vista legal, Meléndez ha vuelto a hacer las cosas a su manera. No sabemos a ciencia cierta si el IMC del doctor Meléndez va a seguir vendiendo 'factores' polvorientos o si se va a dedicar con ahínco al estudio pormenorizado de la gingivitis, línea estratégica donde las haya del Plan Canario I+D+i+d.
El Gobierno de Canarias, de la mano de la
Agencia de su presidente, Paulino Rivero, subvenciona al IMC del mismo modo que subvenciona a otras empresas canarias que proponen proyectos acordes con la normativa de convocatoria, y al igual que subvenciona a las universidades y a otros centros de investigación no universitaria. Una empresa se puede llamar "Instituto" o como quiera, puede realizar innovaciones interesantes para el tejido productivo de Canarias, y puede dar lugar a un filón importante en términos de empleo cualificado para una (posible) economía del conocimiento en Canarias. Todo eso está por ver, y no tengo la bola de cristal que lea el futuro. La innovación es algo complejo y casi por definición imprevisible, así que habrá que hacer un estudio de caso y ver si hay o no una
triple hélice en marcha.
Pero una cosa ha de quedar bien clara. La sentencia del TSJC nada tiene que ver con las teorías de Meléndez. Nada dice ni puede decir sobre aquellas
matemáticas del metabolismo y aquella "revolución" científica de Meléndez disfrazado de Galileo enfrentándose a una "inquisición" académica que únicamente le recordaba que había una normativa que cumplir en la forma de realizar investigación en la
Universidad de La Laguna, cobrar por ella y, en el caso de investigaciones que implican humanos, someterse al
Comité Ético de Investigación de la universidad. El tándem Eligio Hernández / Meléndez Hevia se convirtió en empresa innovadora y se apartó de la investigación científica, cosa que es muy legítima. Pero no se confunda la ciencia con el comercio aunque ambas actividades sean importantes, necesarias y muy útiles para individuos y colectividades.
El TSJC ha resuelto que la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias actuó mal impidiendo al IMC vender sus polvos. Como el IMC no hizo caso alguno de la Consejería de Sanidad en su momento y siguió vendiendo y recetando con gran éxito (éxito al que no fue ajeno la propia condición de polvos prohibidos y el acto de "rebeldía civil" que implicaba su compra y su consumo), no se puede decir que aquellas actuaciones perjudicaron a la empresa. Más bien al contrario.
Cuando el IMC cambió de abogados y de estrategia, todo le ha ido sobre ruedas. Espero (y plugo al cielo) que no tengamos encima que indemnizar al IMC, porque en caso de ser así, quizás tendríamos que empezar a pensar en qué extraña casualidad o causalidad hace del TSJC un mecanismo tan útil para aumentar las cargas del contribuyente a costa de los errores de los dirigentes. Será cosa de empezar a plantear la responsabilidad personal de los decisores anteriores en vez de la impunidad de la que parecen gozar ahora.
Tebeto es un símbolo de la metodología de gobierno de esta
canariedad oficial de pulso y púa que se ha instalado en las todas las islas, de cabo a rabo del archipiélago canario. Volviendo al caso del IMC, las pruebas sobre la verdad de las afirmaciones de Meléndez no se dirimen en el TSJC sino en las revistas científicas y por ahí, hasta el momento, nada se sabe de los polvos de Meléndez ni de las matemáticas del metabolismo. Puede que ese día llegue y entonces aplaudiremos. Pero nunca está de más dejar bien separadas la fe y la prueba.
Lo único que resta por solucionar es la situación de los despedidos de los consultorios. Mis mejores deseos para ellas y ellos porque era su medio de vida, y con esas cosas hay que ser muy cuidadosos y respetuosos.