El miércoles próximo, 12 de diciembre, se cumplen 30 años del día en que la Guardia Civil asesinó a tiros a Javier Fernández Quesada en la Universidad de La Laguna. Eran otros tiempos y eran tiempos muy duros. Prefiero no recordar los detalles de esa muerte y su impacto. Toda mi vida me había comprado los zapatos en las diversas tiendas de Calzados Quesada, al igual que gran parte de mi familia y había entre las dos familias esa amistad no profunda pero sí duradera que da el trato a través de las generaciones. Esa Navidad fue un drama en Calzados Quesada y fue un drama en toda la sociedad canaria. Un estudiante de Las Palmas de Gran Canaria asesinado a tiros en la misma Universidad. Una impresionante despedida del cadáver en Los Rodeos que acabó con palizas y detenciones masivas.
Imagen inédita de Javier Fernández Quesada cedida por la familia del estudiante caído en la Universidad de La Laguna. Tomada de La Opinión de Tenerife
Hace 30 años de esa pesadilla, afortunadamente. Nos acordamos quienes la vivimos y casi no podemos creer que ese mundo haya desaparecido, ojalá que para siempre. Javier está muy guapo en esa foto. Me duele el corazón al pensar que hoy sería un puretilla hermoso dedicado a la biología de sus amores. No era necesaria su muerte. Fue un asesinato injustificable, pues nada justifica el acabar con una vida, la de nadie.
Javier ha pasado a la historia como un mártir de las luchas por las libertades y la democracia en España. Un mártir involuntario. Una rabia ciega porque una bala no le dejó vida para disfrutar de ella en libertad, en paz. Mi sentido pésame a la familia Quesada. Y mi recuerdo y mi homenaje a la persona injustamente arrebatada por una bala criminal.