Con el drama del accidente de Barajas, se me había pasado comentar el caso de Jesús Neira, agredido de forma salvaje por un macho humano que aporreaba a su mujer en plena calle. Neira trató de salvar a la mujer y ambos, apaleador y apaleada, se volvieron contra él. El resultado, de todos conocido, es que Neira está al borde de la muerte, pues diversos fallos de la sanidad madrileña lo han conducido al parecer a esta situación de coma que se teme que sea irreversible.
Luis del Val habla de que vivimos en una sociedad acobardada y que casos terribles como éste llevan a que nadie intervenga a favor de nadie ni siquiera en situaciones extremas. Que se vean atropellos terribles y que se mire a otro lado. Que nadie quiera saber nada de nadie más allá de su círculo de familia, amigos y conocidos.
Foto tomada de ABC vía Telecinco
El Gobierno de España le ha concedido la
medalla al mérito civil por su ejemplar conducta ciudadana. Muy merecida la Gran Cruz y todos los honores que se le deparen. Pero dudo de que su conducta sea ejemplarizante en vista de lo que le ha sucedido. Lo apalea el salvaje y lo remata por negligencia la "maravillosa" sanidad de Esperanza Aguirre. Por ello, en muchos comentarios en las ediciones digitales que trataron la noticia se decía, de una forma u otra, que la moraleja de esta desgraciada historia es no meterse en líos ajenos. Así lo manda el individualismo imperante: cada uno a lo suyo. Justo al revés del clásico "nada humano me es ajeno".