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    Merton y el Bálsamo de Fierabrás

    Estamos siendo testigos de un curioso caso de conflicto en la comunidad científica local que ofrece un interesante observatorio sobre el funcionamiento del ethos de la ciencia (las normas que rigen la actividad científica y la certificación del conocimiento).
    Ha salido en los medios de comunicación de estos días el caso del profesor Meléndez, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de La Laguna, que afirma haber encontrado una fórmula contra las enfermedades degenerativas, unas matemáticas del metabolismo, una cosa que recuerda bastante a los productos milagro que tanto abundan. Esa fórmula, que se basa en la ingesta de alimentos corrientes, se está poniendo a prueba en una investigación con humanos que se ha estado realizando hasta hace muy poco en los locales de la Facultad.
    Lo grave es que esas investigaciones se desarrollan al margen de la normativa universitaria de investigación. Hablando mal y pronto, se usaban las instalaciones universitarias al margen de la autoridad académica y sus controles, aprovechándose con fraude de los servicios universitarios. Por eso, el rector ha hecho muy bien poniendo el caso en manos de la fiscalía. Máxime cuando estaban por medio experimentos con humanos realizados sin pasar por los protocolos exigidos a dichas investigaciones.
    700 personas dice Meléndez que han pasado por su laboratorio. Como esto es un pueblo pequeño, sabemos ya quienes eran algunos de sus ilustres pacientes y a qué iban. Algunos a la obesidad, otros a la diabetes y al asma, otros a la artrosis o el reúma, algunos a la impotencia y algun otro a la prepotencia. En el caso concreto de la prepotencia, no parece haber funcionado la pócima, quizás porque el caso en cuestión requiera de tratamiento más prolongado por estar en fase aguda o con tendencia a la cronificación.
    En cualquier caso, y para no caer en el amarillismo, lo importante es que se han violado varias normas de la actividad científica. Para empezar la del comunismo: el conocimiento científico es público y común para que pueda ser comprobado y certificado, pues se basa en las pruebas empíricas independientes y controladas. Los descubrimientos y aportaciones se convierten en conocimiento científico después de que han sido aceptadas por la comunidad y certificadas. Nada de esto sucede con la fórmula curalotodo de Melendez y su hijo, que es secreta y se ha desarrollado al margen de la legalidad que rige las actividades de investigación científica y al margen de la propia comunidad científica.
    Otra norma violada es la del desinterés, que señala que el científico debe perseguir el conocimiento y la verdad al margen de las recompensas económicas y no subordinar la ciencia a sus intereses personales. Meléndez y su hijo recibían unas contribuciones, al parecer de 50 E, que según afirmaban eran contribuciones personales voluntarias a la investigación.
    Una tercera norma olvidada por los Meléndez es la del escepticismo organizado, que en cierto modo es la clave del método científico. Las afirmaciones científicas solo se consideran tales cuando han resistido los intentos de hacerlas falsas, cuando superan diversas pruebas que fundamentan el que se las considere ciertas más allá de toda duda razonable y dentro de la provisionalidad inherente a las certezas científicas. Las comunidades científicas y sus publicaciones son las encargadas de llevar a cabo estos controles escépticos y el prestigio de la ciencia descansa, en gran medida, en la fiabilidad del conocimiento que los ha superado. Además, aquí estamos ante unas afirmaciones extraordinarias -una fórmula para curar las enfermedades degenerativas (¿y cuál no lo es, me pregunto?)- que requieren por tanto pruebas extraordinarias. Y la única prueba que aduce Meléndez es su palabra y los casos de sus "pacientes" o como quiera que se les pueda llamar a sus sujetos experimentales, quizás "voluntariado científico", dado que no solo iban por voluntad propia -como el que va al curandero o al tarotista- sino que además contribuían con una cantidad no excesiva pero tampoco simbólica.
    Meléndez dice que como su investigación no estaba financiada por los cauces normales por los que se financia la I+D, estas "contribuciones" personales de los sujetos experimentales eran su soporte financiero. Yo empiezo a sospechar que las quejas y campañas que años atrás ha protagonizado Meléndez en diversas ocasiones criticando con dureza los sistemas de financiación de la ciencia se debían a que, al ser evaluados sus proyectos en las convocatorias de financiación, se han desestimado por ser desatinos.
    Como la fórmula es tan revolucionaria y desafía todo lo conocido, los procedimientos de Meléndez también lo son. No se hace pública porque dice que no tiene patente y teme que se la quiten. Esto significa que lo que él afirma, su fórmula curalotodo, no puede comprobarse de forma independiente y no puede someterse a los cauces normales por los que se certifica el conocimiento y se protegen sus aplicaciones comerciales o industriales. Lo único conocido son sus afirmaciones y la fe que despierten esas afirmaciones en los enfermos que se han sometido voluntariamente a sus experimentos. 700 en total, que no es poco. Exactamente lo mismo que sucede en el caso de los curanderos tradicionales, que contaban y cuentan con una nutrida clientela. Ahora, arropado con las credenciales científicas y académicas, se ha estado practicando esta forma de curanderismo en los locales de una facultad universitaria, a espaldas de la legalidad y haciendo abuso de su posición académica y de su prestigio investigador. La ilegalidad es clara, me parece, aunque ya dictaminará la fiscalía lo que proceda.
    Dentro de nada aparecerá en los medios de comunicación un escritos denunciando este fraude científico y este caso de presunta pseudociencia realizada dentro de la universidad y por un ilustre miembro de la Academia. Quienes tanto hemos criticado las diversas pseudociencias y demás fraudes que se realizan aprovechandose de la ignorancia, la credulidad y la desesperación de la gente, no podíamos callar ante este hecho que esta vez a muchos nos toca muy de cerca. Los escépticos de Canarias están llamados a apoyar este escrito. En cuanto esté disponible, informaré de como llevarlo a cabo.

    Copyleft Teresa González de la Fe

    2004-07-15 01:00 | Categoría: Melendezgate | 3 Comentarios | Enlace

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    1
    De: bitacorARP Fecha: 2005-10-20 04:26

    El caso Mel&eacute;ndez: «El Dr. Enrique Mel&eacute;ndez Hevia es Catedr&aacute;tico de Bioqu&iacute;mica y Biolog&iacute;a Molecular de la Universidad de La Laguna. Sin embargo su fama le viene, en los &uacute;ltimos tiempos, de unos polvos aparentemente »



    Comentarios

    1
    De: Lic. Heriberto Janosch González Fecha: 2004-07-20 11:59

    Suscribo en su totalidad el artículo. Solicito me informen cuando se recolecten las firmas de apoyo.
    Lic. Heriberto Janosch González
    Psicólogo
    UBA USC
    Tarjeta X 4822070 M



    2
    De: Paco Fecha: 2007-02-22 13:34

    Hola.
    Podrían decirme alguien qué pasos habría que dar para que un producto, según la ley española, sea considerado complemento dietético?



    3
    De: Santiago Fecha: 2007-02-22 13:50

    Teresa. En contestación a su comentario le diré que por supuesto no estoy todo el día en el gimnasio. Tengo 17 años y me dedico a estudiar. Y usted supongo que se pasa todos los días entrando y escribiendo artículos en esta web suya.
    Yo no tengo artículos y si los tuviera no me importaría publicarlos.
    Y si Eduardo dice que los tiene, no entiendo que no los enseñe. ¿No es esa la teoría que sigue con Meléndez?



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