En
CanariasAhora.com apareció ayer la noticia de que el catedrático de la Universidad de La Laguna, Enrique Meléndez-Hevia, ha sido denunciado por la Sociedad Española de Medicina Estética SEME, por presuntas irregularidades en la administración de un producto y en la falta de control sobre sus experimentos.
Desde este blog se ha hecho referencia muchas veces al "caso Meléndez", localmente llamado "Meledezgate", por lo que aplaudo la denuncia de la SEME. Aunque sea el problema de la obesidad lo que esté en la base de la actuación de la SEME, la denuncia al menos pone en manos de los tribunales las prácticas aparentemente curanderiles de Meléndez, cosa que no se había atrevido a hacer hasta ahora ninguna otra institución implicada en este asunto o salpicada por él.
En los comentarios de opinión de los lectores que CanariasAhora.com proporciona, uno firmado como
Emilio de Fez, salía en defensa de Meléndez aduciendo sus éxitos clínicos, la envidia de sus colegas y lo mal que está el sistema canario de salud, en la creencia de que Meléndez era médico.
Reproduzco mi respuesta en la
misma sección de comentarios de los lectores:
" Médicos y farsantes: a Emilio de Fez"
"Don Emilio: es probable que hayan muchos envidiosos entre los colegas de Meléndez, pero eso no hace al profesor Meléndez menos sinvergüenza. Para empezar, Meléndez no es médico sino biólogo, por lo que entre sus funciones legales no está el diagnosticar y recetar tratamientos. En segundo lugar, los experimentos científicos que implican a seres humanos tienen que someterse a severas reglas y controles que el profesor Meléndez-Hevia ha ignorado por completo, por lo que ya en su día la Comisión de Ética de la Universidad de La Laguna lo denunció por ello y el rectorado de la universidad lo puso en manos del fiscal, quien -sorprendentemente- no encontró delito. También hay que decir que quien actúa como defensor y asesor jurídico de Meléndez dicen que es el antiguo Fiscal General del Estado, don Eligio Hernández.
Personalmente, felicito a esa sociedad médica por haberse atrevido, al fin, a denunciar las prácticas anticientíficas e ilegales de Meléndez, quien actúa más como un farsante curalotodo y como alguien que se aprovecha de la ignorancia y la desesperación para obtener lucro individual. Los "polvos mágicos" que vende Meléndez -tanto dentro como fuera de la universidad- son un fraude, como han señalado otros catedráticos de biología. Además, Meléndez hace publicidad engañosa cuando aparece por los periódicos, las emisoras de radio y las cadenas de televisión diciendo que sus polvos (los famosos factor 1 y factor 2, que sí se saben en qué consisten) lo curan todo: desde la calvicie a la impotencia, desde el cáncer a la diabetes, desde el reúma a la obesidad. Y cobra por ello en nombre de un instituto universitario de investigación que no existe. Que hasta ahora haya permanecido en la impunidad y haya obtenido grandes beneficios dicen que se debe a que importantes personas de la vida política canaria, que abarcan el arco parlamentario y más allá, son clientes suyos. Lo peor es que muchos enfermos abandonan sus tratamientos movidos por la fe en el poder curativo de Meléndez.
He escrito sobre esto otras veces, por si quiere leer más y quiere opinar, pues está en mi blog accesible desde internet.
Los defectos de la medicina y de la práctica sanitaria no hacen buenas las prácticas de Meléndez, quien, insisto, más se parece a los eternos vendedores de remedios "curalotodo" que a los de los científicos a quienes dice pertenecer por su condición de doctor en biología y de catedrático de bioquímica. Hay envidiosos y hay fariseos, eso es evidente. Pero también hay aprovechados. Ya bastantes traficantes de ilusiones y señuelos hay en las televisiones, con tanta tarotista y mánticas diversas que prometen adivinar el futuro, como para que los catedráticos de las universidades se dediquen a hacer lo mismo: a traficar con la ignorancia y la esperanza de seres humanos.
Los links en Ethica more cybernetica:
http://cibern-ethica.blogalia.com/historias/22147
http://cibern-ethica.blogalia.com/historias/30899
http://cibern-ethica.blogalia.com/historias/20237"
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A esta noticia hay que sumar la aparición, al día siguiente, en el mismo diario digital, de la sección La Guindalera de J.M. Chela dedicada a los polvos de Meléndez, con el título de
"Unos polvos famosos". Chela defendía a Meléndez, aludiendo, por un lado, a la envidia de los colegas por sus éxitos, y por otro a que alguien de su confianza (de la de Chela) que es médico, catedrático de medicina y (¡oh casualidad!) "paciente" de Meléndez le había asegurado que "lo de Meléndez era científico". Incluso le habia explicado por qué lo era, pero Chela confesaba no entender y simplemente fiarse del criterio del doctor Albertos, que así se llama y que es persona de gran reputación. De nuevo,
contesté en el espacio de opinión reservado a los lectores, con el siguiente texto:
"Unos polvos y unos lodos"
"Me sorprende, señor Chela, este apoyo suyo a Meléndez-Hevia y a sus "polvos mágicos" y que su opinión proceda de las afirmaciones de un cliente, que además es médico. El doctor Albertos habla en ese caso como cliente y no como científico.
Pregunte usted también en el departamento al que pertenece Meléndez-Hevia antes de sumarse tan incondicionalmente a los defensores de sus prácticas. No hay patente alguna, porque no hay nada patentable. Esa fue una de las patrañas de Meléndez para huir hacia adelante y evitar las críticas de la comunidad científica, que le exigía pruebas experimentales de sus afirmaciones sobre el metabolismo. Meléndez no ha publicado una sola línea en las revistas de bioquímica en apoyo de sus "revolucionarias" teorías.
Otra artimaña mediática de Meléndez -hay que señalar que, salvo algunas excepciones, la prensa le ha abierto sus páginas, sus ondas y sus emisoras- es que se presenta a la opinión pública como un revolucionario de la ciencia, un genio incomprendido por la envidia mezquina de sus colegas, una especie de Galileo de la nutrición acosado por los inquisidores de la "ciencia oficial". Los "curalotodos" -y eso es lo que afirma Meléndez de sus "polvos"- son tan viejos como el mundo al igual que lo son los ignorantes, los ingenuos y los desesperados. Con ellos, Meléndez hace "caja": en la universidad -cosa prohibida por la legislación universitaria- y fuera de ella. Hace experimentos sin control sobre seres humanos, cosa que prohiben las leyes y que es el objeto de la denuncia. Meléndez se lucra con la ignorancia y la desesperación de las gentes y ni los políticos, ni los médicos son inmunes a la una y a la otra.
Me alegro de que usted no sea gordo y no "necesite" acudir a Meléndez. No olvide que también cura la calvicie, el reúma, el insomnio, la impotencia, la artrosis, la diabetes y creo que hasta el mal de ojo. Las alergias a la envidia, seguro que también ceden ante la dieta brutal y los polvos de los factores 1 y 2 a 50¤euros el botito. Donde parece fracasar es en la cura a la prepotencia. Ni siquiera la alivia.
Vale que su columna sea de humor. Pero no frivolice, por favor. Dijo el otro día, en La Opinión de Tenerife, Alfonso González Jérez que la sociedad tinerfeña se estaba imbecilizando. Constato que el fenómeno es más grave de lo que señalaba Jérez."
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Me dicen buenos amigos que me he puesto muy valiente. Quizás sea porque este asunto de Meléndez lo veo como un ejemplo paradigmático del grado de anomía que padece la sociedad canaria en estos momentos. También porque como estudiosa de las comunidades científicas me llame la atención este caso, enmarcable dentro de la tipología mertoniana de conductas desviadas en la ciencia. Pero, como le pasa a
Javier Corzo, el caso me empieza a dar "pereza". Por eso me alegro de que al fin alguien, aunque sean los afectados por los casos de obesidad que tan bien "cura" Meléndez con el expeditivo tratamiento de dejar de comer, lo ponga en manos de los tribunales. Meléndez ha redescubierto a Atkins y le está robando la clientela de obesos y gorditos a los que entienden estos síntomas como una cuestión de estética y no de salud, cuando parece ser más bien una verdadera pandemia resultado de los hábitos alimenticios imperantes en las sociedades desarrolladas, sancionados y bendecidos por la mayoría de la comunidad científica. Meléndez dice en las ondas que cuenta por miles los que se han curado de sus dolencias gracias a sus métodos, y sus clientes/pacientes abarcan casos distintos a la obesidad o el sobrepeso, pues su fórmula es "curalotodo" y se aplica a todas las "enfermedades degenerativas" según sus afirmaciones. Si es tan eficaz, que se demuestre, que se compruebe con ensayos clínicos con grupos de control y con el resto de cautelas y vigilancias legales y éticas establecidas cuando los experimentos científicos implican sujetos humanos.
Un tema que ha salido en los comentarios es el de la libertad personal de hacer cada uno con su cuerpo lo que le venga bien y comprar los servicios de Meléndez porque les da la real gana. Aunque me temo que mucha gente que piensa así después son los primeros en reclamar a la administración como corresponsable en caso de cualquier desgracia, en principio lo único que se puede añadir es que para "comprar los servicios de Meléndez", la empresa tendrá que estar legalizada y su relación con la universidad bien establecida y aclarada. Y aunque parece que la empresa de Meléndez le está reportando beneficios, su montaje se parece cada vez más a una secta de adeptos que a clientes de un servicio y un producto. Se "cree" en Meléndez o no se cree. Lo único que digo es que, si ese es el caso, que Melendez organice la secta o
asociación salutífera de los melendezianos y que la sitúe donde corresponde, con los grupos religiosos, pero que no la mezcle con la universidad ni con la ciencia. Para poderlo hacer, Meléndez hubiese tenido que seguir otros procedimientos y acatar normas que se ha saltado a la torera. De ahí la denuncia de los de medicina estética que ojalá prospere, si los virus de la imbecilización no han llegado también a las esferas del poder judicial.