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    ANGELA LOPEZ, In memoriam

    El pasado 23 de marzo murió mi colega y amiga, Angela López Jiménez, profesora titular de Sociología de la Universidad de Zaragoza y Presidenta del Consejo Económico y Social de Aragón. Hoy, nuestro común amigo, Salvador Giner, me envía este texto en su memoria para que le haga un pequeño homenaje en este blog, cosa a la que accedo con gusto, pues Angela fue un ejemplo como socióloga y como ciudadana.



    ANGELA LOPEZ, In memoriam

    Para Paloma Bozman López, con cariño.


    La sociología española ha perdido prematura y dolorosamente a una de sus mejores representantes, el 23 de marzo de 2007. Angela López Jiménez nació en Pamplona en 1945. Profundamente identificada con Aragón, mantuvo siempre su condición de pamplonica con encantadora militancia. Dedicó muchos esfuerzos a estudiar, explicar y analizar sociológicamente la ciudad que hizo suya, Zaragoza así como a Aragón. Casada con Timothy Bozman, profesor de filología inglesa en la Universidad de Zaragoza –hombre amable donde los haya- deja una hija, Paloma. Para ambos, el cariño y el respeto de los sociólogos españoles. Angela era una de las personas más queridas y admiradas de nuestro gremio. La sociología española, como profesión, está en deuda con ella. También la disciplina.

    Angela se licenció en sociología urbana y del desarrollo en Lovaina y se doctoró más tarde en la Universidad Complutense. Se incorporó en 1976 al incipiente Departamento de Sociología de la Universidad de Zaragoza, donde impulsó su crecimiento y prosperidad incansablemente. Éste extendió pronto su influjo a las Escuelas Universitarias de Teruel y Huesca, regentadas también por ella cuando alcanzó la dirección. En aquel momento pudo decirse que era el departamento de sociología de mayor extensión de España.

    Desde el primer instante la preocupación de Angela López por la sociología tomó un un cariz radicalmente ético. Aunque sin duda la suya no era una posición ortodoxa desde el punto de vista de la religión católica, sería poco razonable escamotear esa dimensión a su preocupación científica, por lo menos si queremos interpretar sus trabajos y sus demasiados cortos días con mínima fidelidad a su pensamiento. Cualquiera que se acerque a sus estudios sobre la pobreza y las ciudades en países de hispanoamérica, en Chile y en el Perú, o sus trabajos sobre la juventud marginada en la ciudad de Zaragoza, o su actividad, en los últimos años, como presidenta del Consejo Económico y Social de Aragón, vislumbrará una tenaz persistencia de la motivación hacia la justicia social y la puesta en vigor de la fraternidad, nunca alejadas de la actitud cristiana, tal y como se manifiesta en las Bienaventuranzas de San Mateo.

    Su interés, muy revelador, por la sociología de la religión, se enraizaba también en esa actitud y esas creencias, llenas en su caso de no pocas incertidumbres. Tuve la oportunidad de constatarlo al elaborar junto a ella un ensayo –su bello título es suyo, Del cielo a la tierra prometida- que dedicamos a una reflexión sociológica sobre los movimientos que algunos han caracterizado lo que se llama, o solía llamarse, Teología de la Liberación. (En el título, la inversión del movimiento, de abajo a arriba, en vez del normal, desde los cielos hasta lo terrenal, hubiera complacido, nos gustaba pensar, tanto a los weberianos, como también a más de un marxista o neomarxista.) Los avatares de su publicación –al fin, salió, como tantas cosas de Ángela, del modo menos convencional- fueron bien característicos del modo angélico de producción, o de publicación, de su autora. Quien explore su abundante bibliografía entenderá al instante a lo que me refiero.

    Angela López fue, desde su primer y juvenil momento, una socióloga cívica. Mi estrecha amistad con ella se remonta al momento en que, bajo circunstacias muy peculiares, unos cuantos sociólogos de todas las Españas, decidimos no tolerar más dilaciones y constituirnos en asociación profesional y científica, como las que tenían todos los países civilizados. Un puñado de representantes de quienes habían constitudo las asociaciones andaluza, vasca, catalana y aragonesa de sociología nos reunimos sin rodeos ni permisos, directamente, en la Facultad de Ciencias Económicas de Zaragoza, en 1979, en torno a una jovencísima Angela López, y declaramos constituida y fundada la que se llamó desde aquel instante Federación de Asociaciones de Sociología del Estado Español. Muchos de nosotros, prácticamente nunca, usaríamos ese a la sazón necesario epíteto, sustityéndolo por el normal de Federación Española de Sociología. Feliz el día, años después, en que el Consejo Federal, reunido en el Instituto sociológico del CSIC, que tuve la suerte de presidir, y en el que estaba Ángela presente, lo aceptó oficialmente. Angela López fue una de las fundadoras de la FES, y la anfitriona de su acto de constitución, así como de su primer congreso.

    Fundada pues la FES 1979, ésta inició dos movimientos, la entrada en la Asociación Internacional de Sociología como miembro de pleno derecho –cosa que se lograría, una vez salvados algunos escollos- y la celebración de un Primer Congreso Español de sociología, que diera a la profesión la credibilidad, visibilidad y cohesión que toda comunidad científica o intelectual requiere. Angela López se encargó de ello. El multitudinario, ilusionado y en algunos sentidos sorprendente congreso, se celebró en Zaragoza sólo a los dos años de su constiución, a fines de setiembre de 1981. El profesor José Cazorla, de Granada, había aceptado la presidencia de una Asociación que gozaba hasta entonces, y aun durante algunos años más, de cierta desconfianza por parte de un sector influyente de la sociología universitaria, por razones que no vienen del todo al caso y que son menos ‘harto conocidas’ -como dirían los amigos del tópico- de lo que parece. En aquella ocasión, José Cazorla felicitó al profesor Juan Linz por su apoyo, desde Yale University, a la recién nacida asociación española en el seno de la International Sociological Association y se solidarizó con el gran intelectual valenciano Joan Fuster, que acababa de ser agredido por los ultras. Y acabó agradeciendo a Angela López el haber hecho posible el milagro, en un Aula Magna repleta de sociólogos de todo el solar hispano. Angela declaró a la prensa que la FASEE era una asociación científica, no corporatista, flexible, que culminaba una larga lucha por difundir la sociología en un espíritu pluralista y de rigor intelectual. Eso es, hoy, la FES que ella ayudara a fundar.

    Su presencia, no sólo en la junta (el Consejo Federal) sino en muchas reuniones regionales, como las que con gran éxito organizaba la Asociación Asturiana en Perlora se hizo crucial e imprescindible. También, más tarde, en el desarrollo del Congreso Mundial de Sociología que, bajo los auspicios de la FES, tuvo lugar en Madrid. Hasta el último momento Angela López tuvo una concepción nada gremialista de la profesión y al mismo tiempo intensa en su convencimiento de que debía constituirse no sólo como comunidad científica en el campo académico de las ciencias sociales sino muy especialmente como comunidad intelectual, para su proyección responsable en el ámbito público.

    Angela López ocupó pronto un lugar pionero en el terreno de la sociología de la juventud, de la que ha sido la decana en España. Su doctorado sobre los jóvenes en la parte vieja zaragozana –el casco histórico, redefinido hoy así- sería un tema recurrente. Los Bienatados es fruto de aquella pesquisa, y principio de sus diversos estudios, todos ellos de carácter pionero. Así, uno de sus últimos, indica ya en su título –Qué leen los que no leen- la capacidad de Angela por explorar terrenos que la sociología de la juventud estaba dejando de lado o hasta ignorando: desde los grafitti que redefinen la estética espacial juvenil de los aparentemente desarraigados hasta los fanzines que algunos absorben. Lo que leen los presuntos indiferentes a la lectura, pensaba, merece más que constatación, teorización e interpretación. A esos estudios de Ángela es preciso añadir los más generales, como Los jóvenes de Aragón, y tantos otros sobre el estado y prespectivas de la juventud.

    Angela no fue ajena a la militancia feminista, a la que incluyó en el proyecto moral que la inspiraba. Miembro activo de la asociación de mujeres Las Sabinas, Angela supo también dar empuje a ese movimiento zaragozano con nombre ambientalista de árbol amenazado. Lo hizo siempre con la inmensa dulzura que la caracterizó, practicando un feminismo tan vigoroso como cordial, que desarmaba invariablemente a sus posibles resistentes. También supo apoyar activamente el pacifismo: su estrecha colaboración con el Centro Pignatelli, de la Compañía de Jesús, así lo mostraba.

    Por sí solo, todo lo anterior podría constituir una aportación más que suficiente en la vida y obra de cualquier intelectual y científico social. Pero hay mucho más. Ángela aprovechó las invitaciones a varias universidades hispanoamercanas para seguir explorando las dimensiones invisibles, por marginadas o subordinadas, de la sociedad civil, de aquellas que a lo que no siempre se autorizaba a constituir en sociedad civil. Tanto en Guatemala como en Lima, Angela López exploró ciudadanos despovistos de ciudadanía, no sólo como miembros de clases neourbanas miserables o marginadas, sino muy especialmente como gentes capacess de constituirse y articularse civicamente, con dignidad y eficacia. Llegó a ser una socióloga ‘latinoamericanista’ respetada, cuando esa especialidad ya se iba desarrollando en España. Caraterísticamente, participó y fomentó encuentros de especialistas españoles en ese campo. También ellos la va a echar de menos. Las ciudades hablan: identidades y movimientos sociales en seis metrópolis latinomercanas, será siempre un texto de referencia. No hay nada parecido para los años que cubre.

    Su presidencia del Consejo Económico y Social de Aragón en los últimos años confirió a éste una autoridad moral envidiable. Sus informes, dictámenes y estudios son ejemplares y deberían ser estudiados por otros Consejos similares., empezando por los Informes sobre la situación económoica y social de Aragón, anuales, cuya solvencia sociográfica es bien conocida. En el Consejo desplegó las virtudes de ecuanimidad que le ganaron el respeto de todo el mundo, a diestra y siniestra. Angela poseía sobremanera una virtud: la rectitud. Nunca se indignaba contra nadie en particular, sino contra la ruptura de las reglas del juego, o contra las actos injustos, tanto en la universidad, como en los diversos campos de la vida cívica en los que actuaba. Pero esa indignación iba siempre, invariablemente, envuelta en la más exquisita dulzura. Mas esto, naturalmente, ya no es sociología.

    Salvador Giner

    2007-04-23 16:59 | Categoría: Residuos | 0 Comentarios | Enlace

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