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LA ESENCIAL FUTURIDAD DE DIOS (DIOS COMO ENTELEQUIA)
Lo cual, por cierto, nos ayuda a descubrir lo esencial de uno de los atributos de Dios que, como ente real, Le corresponden y Lo determinan: a saber, que es futuro por esencia. Y, si a alguno le suena raro de primeras que lo que es por esencia (o sea, por ser lo que es) pueda ser futuro, con dejarse razonar un poco, saldrá de su estrañeza:
pues nada que esté pasando puede ser perfecto, y la perfección es un rasgo que Dios por encima de todo tiene que conservar, so pena de perderse, aquella perfección que Le venía de la redonda verdad de la diosa de parmenides, de la circularidad de su formulation constitutiva, "A = A" o "ES es ES".
Pero, por otro lado, si es algo pasado, un mero hecho que se cuenta, entonces no está aquí, no es un actual, como el que decía "Héme aquí que héme aquí" o "Soy el que soy",
y, por tanto, no es tampoco Dios, porque Dios tiene que mantener su actualidad a costa de lo que sea, estar constantemente invadiendo o informando la Realidad.
En consecuencia, Dios tiene que ser eterno, ocupar el Tiempo-todo; o, mejor dicho, anular en Sí las diferencias entre los tiempos, o, dicho más exactamente, incorporar en Sí y hacerse cargo de la contradicción entre “estar pasando” y “ser todo”, entre “estarse haciendo” y “estar perfectamente hecho”.
Y, por cierto, que: (¡oh ventura de que hasta las trampas y embustes de filósofos y teólogos puedan llegar a decir, contra el propósito de ellos, algo de verdad, cuando se los oye limpiamente!)
El artilugio de la Entelequia de Aristoteles tiene algo que revelar en tal sentido: pues, aunque la formación de la palabra fuerce un tanto la morfología del griego más corriente, ello es que “en-tel-eches” se ha fabricado para significar eso, “el que tiene el fin en sí”
Y la palabra telos que ahí se contiene, como el latín “finis” y nuestro “fin”, que se han usado para traducirla, encierra en sí misma esta ambivalencia, de la que nunca ha podido desprenderse, de que, al mismo tiempo que apunta al “final”, “conclusión” o, metafóricamente, “muerte” de un proceso, a la vez quiere decir “propósito” o, metafóricamente, “meta” de una aspiración; de manera que el “entelechis” es el que está poseído de la finalidad y perfección a la que tiende, pero, al mismo tiempo, tan seguro de alcanzarla, a diferencia de las pobres criaturas, que actúan tanteando, a ver lo que consiguen, si es que consiguen algo, que en su propia actividad está su fin, y es su fin lo que le da su actualidad y le hace ser (¡prodigio de la palabra!) perfectamente activo.
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ETERNIDAD ES LO MISMO QUE FUTURO
Lo cual, algo más rastreramente considerado, quiere decir que la eternidad que Dios necesita, compatible con Su actualidad, no es otra cosa que el Futuro:
“Futuro”, en efecto, quiere referirse a lo que, por un lado, no ha pasado y, por el otro, tiene que pasar; o sea que, como dice la copla, "el porvenir nunca llega" (claro está, porque, si acaso llegara, ya no sería porvenir), pero, por eso mismo, siempre está ahí, como porvenir.
Ése es el único Tiempo puro y, por tanto, el único que puede ser “tiempo-todo” o “eternidad”: lo que nos está pasando, es algo inasible, de lo que no puede hablarse ni saberse (es ello lo que habla, aunque no sea con palabras de lenguaje humano, sino con el sucederse mismo de los acontecimientos, el “fari fiendo”, como a veces le hemos dicho), y en cuanto a los hechos, habrán sido esto o habrán sido lo otro, serán acaso recuerdo vivo, tan inasible, por tanto, tan inefable y elocuente como la vida misma, o serán datos y fechas de la historia, de los cuales los testigos dirán uno de un modo, otro de otro, y los indagadores de las huellas las interpretarán cada cual según su teoría, pero la seguridad acerca de los hechos sólo llegará el día que todos los datos y los testigos se reúnan y concuerden.
Y así, el saber de los hechos queda también condenado a ser futuro. Cualquier eternidad es de por sí inimaginable y propiamente inconcebible, pero una eternidad en la que pasaran cosas no es ni siquiera lógicamente presentable, pues que exigiría hacer de la infinitud un todo, lo cual, como acaso a propósito del poder y el saber de Dios razonemos luego, es contradictorio en su propia formulación:
Sólo un Tiempo perfectamente vacío, en que nada pase, quizá porque todo haya pasado, podría responder a la idea de “eternidad” que Dios requiere.
El caso es que ese Tiempo vacío en que la eternidad consiste, donde nada pasa, ni siquiera recuerdos de lo que ha pasado, viene a ser el Futuro de nuestros hombres; y en cuanto a Dios, El es todo futuro, puesto que tiene que ser eterno.
Ahora bien, eso no puede privarLe de su actividad perpetua, siempre dirigida al cumplimiento de Su fin, y condenada al éxito infalible, o sea, como dicen los Ejecutivos para la Empresa que pregonan, cargada de futuro.
Y es así como Dios es entelequia.
Según se manifiesta, de la manera mis descarada, en Su epifanía como Dinero, cuya condición de entelequia es bien patente, en cuanto que consiste en el Futuro, en el credito, que es la Fe en su futuridad, y en cuanto que, a la vez, está realizando perpetuamente Su actividad, que es Su ideal, dirigida siempre al éxito o cumplimiento de la promesa QUE NO SE CUMPLE NUNCA.”
Agustín García Calvo (De Dios. Ed. Lucina 1990)
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