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¿Prohibir? ¡Recristo! ¿Ya estamos dando ideas?
El nota que ha escrito ese artículo es un bolchevique y debería ser internado en algún centro de salud mental para someterle a un proceso de reeducación.
¿Qué legitimidad tiene el Estado para prohibir al ciudadano Aznar que se tome las copas de vino que le apetezcan cuando conduce, o para impedir a un mauro meningítico que lance todos los voladores que le vengan en gana en las fiestas de su pueblo?
“Nada hay en la naturaleza que sea contrario a la propia naturaleza”. Bien, sí, podríamos estar de acuerdo con Sade si no omitiera un hecho fundamental: cuando entran en conflicto el sagrado Derecho de la Libertad del Individuo (Derecho que como todos sabemos le corresponde por naturaleza) y la propia Naturaleza, llegado el caso deberá prevalecer aquél en detrimento de ésta, como es natural. A simple vista puede parecer un poco contradictorio, pero no, nada es lo que parece.
Se difunden consignas como las que sugiere ese panfleto y las mentes enfermas de esos eco-terroristas antisistema empiezan a funcionar sin descando. Alguno ya estará pensando que habría que mandar a Lourdes al del volador para ver si es reversible lo de su lobotomía; o algo incluso peor: no faltará quien proponga regalar a todos y cada uno de los sietemesinos de la corporación local que han firmado la autorización para jugar con fuego estando rodeados de hectáreas de vegetación agostada por el tórrido verano un servicio de manicura realizada a soplete de acetileno.
¿Qué es eso de insinuar que se prohiba algo tan venerable y tan atávico? ¿Qué sería de nuestro imaginario colectivo sin unos buenos fuegos de artificio dando color y calor a las fiestas y a la orografía de nuestro solar patrio?
¡ Por favor: tengamos la fiesta en paz y dejémonos de... "joder la paciencia"* !
* Pancartero dixit
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