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    Testosterona

    Lo más escalofriante, en mi opinión, de este horrible suceso de las adolescentes de Seseña ha sido que la pelea fue por un chico. Habían quedado allí "para pegarse" por un chico y el combate fue mortal. La perdedora lo perdió todo, y la ganadora también.

    Estaba acostumbrada a las peleas entre machos por las hembras, común en muchísimas especies animales y tradicional también en las culturas de los animales humanos. Pero esta modalidad de lucha letal de hembras por un macho me ha dejado estupefacta. No se puede achacar a la agresividad de la testoterona, tan útil para la supervivencia de la especie. Los machos son los que solían luchar por las hembras pero aquí se ha creado otra pauta de conducta violenta e injustificable.

    Habrá que esperar a saber más y a que se disipe el morbo del caso y su amplificación mediática. Pero no deja de ser una sociopatología digna de estudio.

    2010-04-06 09:18 | Categoría: Sociopatologias | 16 Comentarios | Enlace

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    Comentarios

    1
    De: webensis Fecha: 2010-04-06 15:59

    Efectivamente, si uno pretende explicar estas cosas "zoológicamente", mediante hormonas o mediante mitos como el de la "supervivencia de la especie", es normal que se quede pasmadísimo.



    2
    De: Gil & Pollatos Fecha: 2010-04-06 17:43

    ¡Oh, qué gran descubrimiento acabamos de hacer! ¿Cómo puede ser que nos haya pasado desapercibido hasta ahora?

    Después de 10.000 años de evolución del Homo Sapiens, hemos tenido que esperar hasta el 2010 para descubrir que las hembras pelean por los machos.

    Estoy tan horrorizado que creo que pospondré para mañana mi cita con el podólogo.



    3
    De: Gil & Pollatos Fecha: 2010-04-06 17:50

    Yo creía que aquí ya lo había visto todo, pero no. Estoy condenado a sorprenderme un día sí y otro también.

    Que esta soberana memez infinita y biologicista la diga alguien que en su día fue Directora General de Universidades merece que se conozca allende las fronteras blogueras.

    Me pongo a ello.



    4
    De: jose Fecha: 2010-04-08 01:18

    La agresividad de los hombres cuando se pelean por una mujer tampoco se puede achacar a la testosterona.



    5
    De: Gil & Pollatos Fecha: 2010-04-08 06:40

    Pues sí. Y no hay que perder de vista que “lo más escalofriante” es que estas hembras se han pegado por un macho (más bien que de una sociedad humana parece que se esté hablando de la población de simios de un zoo); si se hubieran zurrado la badana por conseguir una entrada para el concierto de los Tokyo Hotel seguramente la cosa no sería tan escalofriante ni tan tremebunda.

    El título lo dice todo. Teniendo en cuenta el gremio que nos da de comer, va de suyo que habría que invocar y poner el énfasis en las causas ambientales para explicar lo sucedido; pues no. Ahora resulta que nos pagan por jugar a biólogos. La verdad es que no se sabe qué da más ganas de vomitar, si el hecho luctuoso o la crónica que se hace de él.

    Etología More Androgénica.



    6
    De: Yaiza Fecha: 2010-04-12 12:20

    Webensi creo que tiene razón. Suena un poco fuerte ese titulo para hablar de un asesinato. Pero en fin supongo que razones habrá para ello.

    salu2



    7
    De: Boris Aquelarre Fecha: 2010-04-12 16:29

    Y con razón suena fuerte el título.

    En realidad, tras esa pantalla pseudocientífica que deja en pañales a los vendedores de crecepelo y a las echadoras del tarot se esconde un discurso groseramente ideológico: la especie funciona malamente porque se da un exceso de testosterona circulando por las arterias sociales. Como por una casualidad de la vida resulta que los machos producen hasta 20 veces más testosterona que las hembras, el corolario subliminal lo deduce hasta un damnificado por la ESO: son los machos los responsables en última instancia de la mayoría de las disfunciones sociales.

    ¿Y existe acaso mayor aval para la biología que el que brinda la política? Por si alguna duda quedara a estas alturas, ahí está ese portento de Ley consensuada mediante mayoría cualificada por el Parlamento según la cual la violencia debe necesariamente llevar marchamo institucional de Género. Y como la naturaleza tiende a ser compensatoria, frente al determinismo biológico de esos machos primitivos y agresivos que además han tenido la desgracia de nacer con un colgajo en la entrepierna, no cabe sino a las hembras desempeñar el rol… ser depositarias en último término de la dimensión racional que a veces impropiamente se atribuye a la especie en su conjunto.

    Así se explica la confusión, el desconcierto y la perplejidad en que se ve sumida esta hembra pata negra con bata blanca cuando se enfrenta a una “nueva pauta de conducta”, a una realidad tan compleja y radicalmente novedosa que debe ser sometida a un profundo estudio de campo y de laboratorio. Si un macho hubiera matado a otro por una hembra no habría motivo para el asombro, el diagnóstico sería automático: ha sido la Testosterona. Pero como es la primera vez en la historia de la humanidad que una hembra violenta a otra por poseer en exclusiva a un macho hay que andarse con pies de plomo, pues a diferencia de éste, las hembras están exentas por definición de todo tipo de sentimiento expropiatorio.

    Así pues, ahora en caliente no es oportuno hurgar mucho en la herida; mejor esperamos un ratito a que se disipe el morbo del suceso y su amplificación mediática (de la cual aquí ¿NO? nos hacemos cómplices), nos tomamos un té a la menta con pastas danesas, y luego, tranquilitas, analizamos este fenómeno paranormal con el sosiego y la “objetividad” que merece el caso.

    Y no es para menos, pues se vislumbra en el horizonte intelectual de Occidente otro giro copernicano que hará que se remuevan los cimientos de la antropología, de la sociobiología, de la bioética y de cualesquiera hibridaciones disciplinarias nacidas al calor de ese moderno burdel de conceptos en el que suelen flirtear las ciencias del “espíritu”. Cuando a una correligionaria de género se le va la mano hay que ser especialmente cuidadosas, no vaya a ser que se nos caigan los palos del sombrajo.

    Claro, el dilema está en que no podemos sentar en el banquillo de los acusados a la Testosterona, de manera que aunque el macho lleve su cerebrito entre las piernas, en este caso queda exento de culpa: a la calle sin fianza y sin cargos. Y eso nos desconcierta aún más. En realidad no es necesario acusarle directamente a él, basta con tramitar un proceso sumarísimo contra aquello que de forma “natural” le define y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid le hacemos responsable penal subsidiario de forma indirecta. Y si llegado el caso es preciso agotar la vía civil, o la contencioso-administrativa o incluso recurrir al Supremo, pues adelante.



    8
    De: Boris Aquelarre Fecha: 2010-04-12 16:30

    Claro, el dilema está en que no podemos sentar en el banquillo de los acusados a la Testosterona, de manera que aunque el macho lleve su cerebrito entre las piernas, en este caso queda exento de culpa: a la calle sin fianza y sin cargos. Y eso nos desconcierta aún más. En realidad no es necesario acusarle directamente a él, basta con tramitar un proceso sumarísimo contra aquello que de forma “natural” le define y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid le hacemos responsable penal subsidiario de forma indirecta. Y si llegado el caso es preciso agotar la vía civil, o la contencioso-administrativa o incluso recurrir al Supremo, pues adelante.

    La trampa es propia de un leguleyo en prácticas: quedarse con lo accidental y convertirlo en substancial; descartar aquella posibilidad que haga del macho un sujeto con capacidad de discernimiento y no un mero autómata determinado por su naturaleza primitiva a perpetuar la especie en unos casos o a exterminarla en otros, y sobre todo, omitir desde el principio con premeditación y alevosía que tanto las conductas agresivas como las no agresivas son fundamentalmente aprendidas.

    Teniendo en cuenta su “herencia intelectual”, no nos extraña que a esta hembra pata negra con bata blanca se le despisten las consecuencias de semejante “esencialismo biológico”. Derivar hoy “sociopatologías” por excesos o por defecto de una hormona, nos recuerda, como no podía ser menos, a quienes ayer derivaban “sociopatologías” por la presencia excesiva en la sociedad del “gen corrompido” (judío, gitano, homosexual, etc) en detrimento de aquel otro más puro, el ario. No resulta gratuito por tanto recordar la “solución final” que adoptaron entonces para erradicar el “problema”, pues igual de sencillo sería medir ahora los niveles de testosterona para determinar qué machos presentan mayor factor de riesgo y someterlos a la “terapia” apropiada.

    Terapia condenada al fracaso en todo caso, pues ahí están los castrati para desmentirla: la voz se volvía aflautada, pero en ningún caso disminuía su mala leche; o los eunucos de la corte china que fueron especialmente sanguinarios, combatían como aguerridos soldados y resultaban ser maravillosos estrategas; o los pederastas yanquis que se someten a castración química y sin embargo siguen acosando a sus víctimas, etc, etc, etc…

    La falacia, en definitiva, en la que todos parecen haber reparado, todos excepto la propia hembra pata negra con bata blanca consiste, por enésima vez, en darle un barniz “científico” a lo que no deja de ser un mito. Un mito que acaba volviéndose contra quien lo defiende.

    “Animal/humano” queda bien como figura literaria, pero no deja de ser un círculo cuadrado, una contradicción en sus propios términos. O lo uno o lo otro. O lo uno o lo otro salvo que se encuentre un tertio no excluso que permita la síntesis entre los extremos. ¿Cuál puede ser ese enlace? La Testosterona, naturalmente. Tal y como se nos presenta, esta maravilla fisiológica sería en último término la condición de posibilidad de que el animal perpetúe la especie y trascienda por tanto su estado de naturaleza hasta la condición de humano civilizado, y al mismo tiempo sería responsable de devolverle a su condición prehumana cuando le determina ciegamente a cometer actos tan irracionales como el que nos ocupa. ¡La prodigiosa hormona Dialéctica del Eterno Retorno! De la caverna a la Fenomenología del Espíritu, regreso del Espíritu a la caverna, y vuelta a empezar. Para ese viaje no hacían faltan esas alforjas, y seguramente más valdría que nunca hubiera salido de ella.

    El problema de atribuirle tanto protagonismo es que minimiza hasta el ridículo el papel que las hembras/mujeres hayan podido desempeñar en la historia de la civilización ¿Cuánto minimiza? ¡Pues justo 1/20! Ésa es una de las derivadas más curiosas del Mito de la Testosterona, pero no la única.

    ¿Se podría afirmar que ese papel subalterno se debe a un único factor biológico? Si se afirma tal cosa el ideario feminista quedaría definitivamente borrado del mapa ¿Se admitiría que estos espíritus puros no sometidos a la esclavitud de la materia que resultan ser las hembras no son susceptibles de ejercer ningún tipo de violencia entre ellas o sobre los machos? Si se admite, por fin podemos estar seguros de saber quién asesinó realmente a Kennedy: Doña Testosterona, faltaría menos ¡No está mal para una simple hormona! ¿Hay quien dé más? Reconocer que la violencia se ejerce de múltiples y variadas maneras, y que incluso ellas la ejercen de una manera y ellos de otra, y que eventualmente estas estrategias pueden intercambiarse sería el colmo de los despropósitos, visto lo visto, así que mejor ni plantearlo, no sea que acabemos denunciados y tengamos que presentarnos en algún juzgado de guardia.

    Pero aquí el único despropósito consiste en seguir manteniendo el mito. Recurrir a la dichosa hormona para justificar la agresividad de los machos es algo que ya está desmentido por los científicos…. los científicos de oficio, no l@s de salón cláramente interesad@s en seguir alimentando ese mito por razones no del todo confesables.



    9
    De: Boris Aquelarre Fecha: 2010-04-12 16:31

    Como se ve, las consecuencias que se podrían extraer son tan pintorescas que no deja de resultar asombroso que haya sido precisamente una hembra la que ha sucumbido a esos cantos de sirena. Por un lado ¿Qué responsabilidad moral se le puede exigir a alguien cuya fisiología le condiciona de manera tal que ve mermada su capacidad de elegir entre el bien y el mal? ¿Qué ética sería válida entonces? ¿La de Nicómaco, la de Amador, la de Charles Darwin, la de Charles Manson tal vez?

    Y por otro, si fuera tal y como se plantea ¿Por qué no poner en entredicho también la responsabilidad jurídica de los machos más impetuosos? Bastaría con reformar el Código Penal para que los niveles alterados de testosterona en sangre fueran considerados como atenuante igual que las drogas o el alcohol ¡Menudo festín de babette para los leguleyos! No, perdone Sr. Juez, mi defendido tenía la testosterona por las nubes cuando canceló a su hembra; si no le importa, rebaje Vd. en 10 años la condena. Sería una lástima que esa reforma legal se llevara a cabo; por razones obvias las hembras serían las únicas que difícilmente podrían beneficiarse de ella.

    Claro, como ya se ha dicho, uno se queda pasmadísimo cuando recurre al mito para explicar las cosas porque en realidad las cosas van por otro lado. Y el mito de la supervivencia de la especie no es otra cosa que la versión mundana del mito de la Historia: la superficie de inscripción de los fenómenos que progresan por sí mismos mitológicamente hacia el Ideal de la Perfección Moral de la Humanidad concebida, además, a imagen y semejanza del Hombre Occidental, blanco y de ojos claros para más señas. ¿Acaso hay algo más violento que la creencia en ese mito? ¿Cuántos pueblos “inferiores” han sucumbido a la voracidad civilizatoria de los secuaces de Tocqueville? Que sea algo “natural” tener prole y reproducir la especie hasta el infinito es la secularización de ese mito constituyente de la Civilización Occidental que es el Historicismo.

    De igual manera, lo realmente violento no es la Testosterona, sino la creencia en sus efectos; no es la hormona, sino el propio mito el que predispone a la agresión. Gente que ha recibido testosterona en los laboratorios se comporta de forma mucho más agresiva cuando en realidad se le ha suministrado un placebo. Es claro que la supuesta agresividad de esta hormona no se explica sin la interacción con el ambiente.



    10
    De: Boris Aquelarre Fecha: 2010-04-12 16:32

    Así pues, quien de forma interesada escamotea una de las piezas fundamentales que hacen verosímil el puzzle (sirviéndose de un titular tan explícito que parece sacado de la prensa amarilla) convierte en trivial y gratuita toda la basura añadida que intenta justificarlo. En efecto, quien saca a la palestra una hormona para hablar de un homicidio (o de un hembricidio)… ¿Qué necesidad tiene de dar explicaciones algo más complejas que las que se dan a los tragaldabas que digieren la realidad suministrada por los telediarios?

    Singular o no, lo realmente novedoso es la interpretación del hecho. Por más que uno busca y busca, en ningún otro sitio más que aquí se ha tenido la genialidad de señalar con tanto acierto el principio unívoco del problema que subyace a sucesos como el de Seseña (no el de Seseña mismo, que, como se ha visto, es inverosímil por lo que tiene de absolutamente singular), identificando sin complejos un hecho criminal con su estrato biológico, la conclusión sólo puede ser una: lo “natural” está en la base del sistema predatorio de la polis.

    Y no sólo, sino que los machos acaban siendo responsables de una forma o de otra. Ya se trate de las cacerías que éstos organizan contra sí mismos o contra las hembras, ya se trate de las prácticas cinegéticas que éstas llevan a cabo entre sí por la disputa de su antagonista, el culpable siempre acaba siendo el mismo: un macho.

    En un caso por exceso de secreción hormonal, y en otro por defecto de la misma, haciendo apetecible aquello de lo que carece y propiciando en la hembra un arrebato aberrante que lleva a la suspensión transitoria del juicio racional que define a ésta, ninguna pauta nueva de conducta puede derivarse de un momento puntual de irracionalidad inducida por el mismo de siempre: por un macho.

    Es normal que un hecho tan extraordinario provoque tantas suspicacias. Precisamente porque la cosa no está nada clara, la oscuridad y el sinsentido del caso hacen necesario el dictamen del experto. El informe pericial de uno de esos forenses de la Candelaria que confundió un traumatismo craneal con una violación ha sido concluyente también en este caso: las de Seseña en realidad no son hembras (¡No pueden serlo!), sino machos travestidos con peluca que han pugnado por obtener los favores de un tercero en discordia.

    Una vez más, aquí el único culpable de su homicidio no es sino el propio macho; homicidio que en realidad no es otra cosa que un suicidio asistido, lo que no impide que se vayan a derivar las correspondientes responsabilidades penales por parte de su cómplice macho ¿Cabe hacer una interpretación más ajustada del espíritu de la Legislación de Género vigente haciendo al mismo tiempo un cumplimiento más estricto de su letra? ¿Cabe en definitiva una alianza más feliz entre la Biología y la Jurisprudencia? Se mire por donde se mire, la Progesterona siempre acaba teniendo razón, y la Ley también.

    Ahora ya sabemos por fin cuál debería ser el título apropiado para este artículo.

    ¡ Aaamééén !



    11
    De: Ramón Pujadas Fecha: 2010-04-13 11:26

    Hola

    Me resulta verdaderamente interesante lo que leo. Confieso que no sé muy bien a que se refiere la Señora Teresa con lo de sociopatología, soy ignorante en eso y en otras muchas cosas, pero ya que habla de que la testoterona es responsable de la perpetuación de la especie, y como parece entendida me gustaria preguntarle si podría considerarse a los que voluntaria y libremente hemos decidido no traer gente a este mundo como otra sociopatologia. Si es así, ¿cómo hariamos para curarnos, acudiendo a la asistencia social, a un siquiatra, o un endocrinólogo?

    Pues nada más, muchas gracias por este foro que da ocasión a los legos de hacer preguntas así, tan de la calle.

    Un saludo para todos.



    12
    De: Boris Aquelarre Fecha: 2010-04-13 11:35

    jajajajajaja

    ¡Qué bueno! :-DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD



    13
    De: Sarah Jessica Parkinson Fecha: 2010-04-22 13:52



    14
    De: Boris Aquelarre Fecha: 2010-04-22 13:56

    ¿Hormonas causantes de la homosexualidad, la calvicie y otros crímenes horrendos?

    No cabe duda de que todos estos análisis científicos tienen un cierto aire de familia

    :-DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD



    15
    De: Cande Fecha: 2010-04-29 12:14

    Anarco feminismo con rabo . JaJaJa muy bueno Teresa. El mío no tenía problemas de testosterona sino de neuronas. Tan pocas tenía el pobre que hasta que no le tiré sus cosas a la basura no cayó en la cuenta de que estaba de más, así que en mi caso la felicidad no fue completa, de buena gana le hubiera tirado también a él :-))

    Un beso para ti y otro para “Tita” :*

    Y salu2 para el resto ;-)



    16
    De: DonTrisTrás Fecha: 2010-05-08 23:22

    la felicidad completa



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