Mentiras, calumnias y estadísticas
Viene esto a cuento del famoso Informe Pisa que "suspende" a España en Educación. No seré yo quien defienda los logros de la educación en España, pues hay profesionales mucho más cualificados para hacerlo y que han salido estos días a las pantallas de las teles a decir que la cosa no es para tirar voladores pero que tampoco está tan mal como para tirarse de los pelos. Y que no nos podemos comparar con Finlandia, porque no se puede comparar lo incomparable.
Que la comprensión lectora de los estudiantes es muy baja es una realidad con la que me tropiezo cada semana. Es más. No sólo no entienden un texto, sino que tampoco sienten curiosidad por entenderlo, ni van al diccionario a buscar palabras no conocidas, ni preguntan por lo que no entienden. Y se quedan tan anchas y anchos cuando, al verse obligados a responder a la pregunta ¿qué has entendido de este texto?, dicen "nada". Como siempre hay excepciones, quienes mejor entienden los textos no suelen ser nacidos en las Islas y, cada vez más, tampoco en España. Me admira lo bien que manejan el español los latinoamericanos, quizás porque, en comparación con los españoles, destacan enormemente. Que en España, y en Canarias, hay un problema importante con la lengua, con el dominio del lenguaje oral y escrito, creo que es obvio y que es irresoluble, pues vemos profesores con importantes faltas de ortografía (como "hecho de menos" o las confusiones entre el verbo haber y el verbo hallar o entre "hay" y "ahí", por señalar sólo algunas) y una expresión oral penosa.
Pero a lo que iba es a la presunta igualación de las estadísticas. La estadística es una herramienta muy útil pero, como todas las herramientas, puede ser muy traicionera. Si comparamos a España con Finlandia en un momento dado, y no se toma en cuenta la historia de cada uno de estos países, estamos mezclando peras y manzanas. La persecución, exterminio y exilio de maestros y maestras de la Institución Libre de Enseñanza y de todos los intelectuales de los años 30 del siglo pasado, la organización de las Escuelas de Magisterio como estudios a partir del Bachillerato Elemental que daban más peso a la fidelidad a los principios del Movimiento que a la formación científica, y un largo etcétera que está en el origen de la situación de la educación en España y que no está en el caso de Finlandia. El analfabetismo en España en los años 50 y 60 era desconocido en Finlandia desde hacía 50 años. Y de las pocas cosas que sabemos al respecto es que el nivel educativo de los padres, especialmente de las madres, es una variable fundamental en el éxito escolar de los hijos.
Lo único comparable puede ser el esfuerzo público o inversión en educación, y España ha hecho muchas leyes educativas pero ha puesto muy poco dinero en la educación pública. Como, además, la educación pública española tiene que competir, desigualmente, con el importante peso de las organizaciones católicas dedicadas a la educación, y existe libertad de los padres en materias educativas, el resultado es que la educación ni es de todos ni es igual para todos, y que las desigualdades de partida se mantienen intactas en la llegada. A esto hay que añadir que cada Comunidad Autónoma decide sobre educación y aplica las leyes estatales a su manera, especialmente a la hora de hacer los presupuestos anuales que son los que en verdad marcan las prioridades políticas.
Tengo ganas de ver algún estudio evolutivo y comparativo de economistas y sociólogos de la educación sobre el gasto educativo regional en España, no sólo de las grandes cifras, sino también del destino de las partidas. Pues me parece que en aquellas partes de España (por ejemplo, Extremadura, Andaucía o Canarias) donde hace apenas 30 años había un verdadero desierto educativo, manifiesto en altas tasas de analfabetismo, bajas tasas de escolarización, escasa existencia de centros escolares públicos y privados y bajos niveles educativos de la población activa, el camino recorrido ha sido muy diferente y no comparable al de aquellas otras regiones con una larga presencia de escuelas (públicas y privadas), poco analfabetismo, gran proporción de niños escolarizados y una parte importante de su población activa que ha completado, al menos, la enseñanza primaria. Estos estudios deben existir, pero por ahora los desconozco y no han sido objeto de atención por parte de periodistas y tertulianos de todo signo que usan la educación como un arma político/electoral más. Los Informes PISA de la OCDE han resultado ser una buena excusa para arremeter contra el gobierno de turno, sin importar sus contenidos y sin atender a lo que se está midiendo. Y como la clase periodística y tertuliana adolece de los mismos déficit educativos que el resto de la población, sobre todo el anumerismo, leemos disparates sin cuento resultado de no entender las estadísticas y de no importar lo que se dice sino contra quien se dice. De ahí la frecuencia de los donde dije digo, cuando gobernaban unos, digo diego ahora que gobiernan otros.
En Canarias, la situación de la educación pública es mala y la escasa presencia de la educación privada no ha hecho sino empeorarla. Por eso, hay que atender a los puntos de partida y al camino recorrido. Y al esfuerzo, escaso e insuficiente, que se ha hecho. Esto lo pueden medir y estudiar tanto los canarios como los de fuera de Canarias, pues, aunque a veces no lo parezca, Canarias no es Marte y, quitando la más bien penosa trayectoria de las leyes autonómicas, su ordenamiento jurídico sigue siendo el del reino de España. No hay "miles" de elementos diferenciadores, pero sí hay una situación de partida que se parece más a la de Extremadura que a la del País Vasco. Eso no se arregla en 20 años, menos aún cuando su arreglo no se considera de interés público y una prioridad.
Como muestra un botón. El Presidente de la Autonomía, criticado por "dedignar" (de dedo, que no errata) a un señor sin título alguno para dirigir el ente radiotelevisivo regional, acusa a sus críticos de titulitis y defiende la formación en la "universidad de la vida", una universidad en la que todos -y todas- estamos formadísimos. Ya lo estaban los analfabetos de hace 50 años, cuando no se aprendía a leer ni a escribir porque nadie sabía hacerlo, salvo el cura del pueblo y pocos más. Es normal que los políticos no quieran hacerse una foto en la que saben que van a salir hechos unos adefesios. Lo que no es normal es que la culpa se la echen a la cámara de fotos. Si para ganar tanto o más que el Presidente no hace falta estudiar sino ser amigo del Presidente, mejor nos dedicamos a eso que se llama inteligencia emocional y a practicar el arte del amiguismo en la universidad de la vida. Y que aprendan ellos, los que a falta de vida tienen que estudiar...
Nos queda la incógnita de saber si las partidas para la universidad de la vida van a ir a cargo de la I+D+i regional.
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