Para empezar, el de los y las que defienden el derecho de las mujeres a decidir en las cuestiones de aborto. El lema: "¡Vamos a quemar la Conferencia Episcopal... por machista y patriarcal!". Está en la naturaleza de la Conferencia Episcopal española el ser machista y ser patriarcal. De otro modo, tendríamos sacerdotisas, obispas, cardenalas y papisas. Y se puede defender en la calle el derecho a abortar y a decidir sin mentar a los monseñores. Es más, me parece que meter a los monseñores, por carcas que sean, en esto lo que puede provocar el rechazo a la causa, justa, que defienden esas organizaciones feministas, de planificación familiar y los colectivos y mujeres que han participado en esa inculpación colectiva en abortos.
Para seguir, el de los hinchas deportivos (parece que no sólo del fútbol) que llamaron al piloto inglés de Fórmula 1 "Negro de mierda". Según declaraciones del ilustre sociólogo Juan Díez Nicolás, que recoge
El País, "Se trata de ofender, de herir al otro. No hay racismo de fondo asociado". Respiramos tranquilos: España no es racista. Es malcriada, insultona y agrede verbalmente con facilidad a los miembros de otras etnias (gitanos, "moros", "sudacas", "morenos", "negros", etc), pero, según este sociólogo, todos los estudios muestran que en España no hay racismo. No se sabe bien qué es entonces este desprecio sistemático al de fuera, al distinto, pero podemos quitarnos (científicamente) esa impresión de xenofobia y racismo que se practica con profusión incluso dentro de España. Godos, charnegos, polacos, maketos, sólo son nombres "cariñosos" para designar a los que llegan de otras partes de España. España es tolerante (¿con quién?) y abierta (¿a qué?). Señal de eso es que el jeque de los petrodólares no es moro, ni el millonario latinoamericano es sudaca. Menos mal.
Para acabar (porque la entrada podría ser interminable) la reinante homofobia. Sea hacia la homosexualidad masculina o femenina, da igual. El último escándalo, el del candidato del Partido Popular al Senado por Albacete, periodista conocido por hacer pública su homofobia allí donde se le presenta la ocasión.
Me tranquiliza enormemente la evidencia de que este país no es machista (pese a que cada semana muere una mujer en manos del macho que se creía su dueño), no es racista (llamar a alguien negro de mierda es como llamarlo enano o gordo, según el eminente colega arriba citado) y no es intolerante.